En el río de Coapexpan, hace mucho, acostumbraba una viejita lavar su ropa. Cierto día, al regresar de tender parte de lo que había lavado, notó que el resto de sus prendas dejadas sobre una roca desapareció. Confundida, la buscó por algún tiempo, en los potreros y entre las matas, pero sin ningún éxito. Volvió triste y cansada a su casa, y se recostó un rato a reposar de las caminatas y búsquedas que tuvo que hacer todo el día. Más tarde, siguiendo preocupada, regresó como a las diez de la noche, convencida de que debía encontrar su ropa. Llevaba un candil con el que apenas se alumbraba a causa de que el viento quería apagarle la flama. Efectivamente, pudo descubrir el lugar donde había estado lavando por la mañana, y se fijó en el sitio en el que dejó su batea. En ese momento escuchó una voz que le preguntaba:
- ¿Qué buscas aquí a estas horas, abuelita?
La señora volteó rápidamente y atemorizada para buscar de donde venía esa voz. Al principio, no vio nada, pero se dio cuenta que quien le había hablado era el mismísimo satanás. Tan grande fue la impresión de esta pobre mujer, que dejó caer el candil y se desmayó durante toda la noche.
El marido y sus hijos, al percatarse de su ausencia siendo ya tan tarde, salieron a buscarla por los montes y a lo largo del río, con lámparas de mano y machetes; sin embargo, fracasaron n su intento por hallarla. Sólo a la mañana siguiente, pudieron localizarla, tirada junto a la batea y su ropa. Se dice que la señora estuvo “maleada” y en cama por algún tiempo, hasta que pudo contar a su familia lo que había sucedido. A los pocos días, la anciana falleció, a pesar de los cuidados.
Actualmente, se afirma que esta viejita anda penando y que se aparece con su candil en el lugar donde solía lavar su ropa, dejando pedazos de jabón obre las piedras.
En el macuiltépetl, entre sus laberintos, pasillos y jardines, hay una cueva que puede enriquecer a los que logran entrar y salir de ella. Ésta solo se deja ver un día al año.
Cierta vez, una señora muy pobre caminaba por el cerro; era la mañana el 24 de junio. La mujer iba preocupada pensado como alimentar a su pequeña. Se sentía muy fatigada se detuvo descansar bajo un árbol. De pronto, enfrente de ella vio una cueva. Se levantó rápidamente, entró y halló muchísimo dinero. Eufórica y astuta, decidió esperar hasta el anochecer, para que nadie pudiera robarle. Cuando quiso llevárselo todo, le resultó imposible, porque estaba con la niña. Decidió hacer dos viajes, dejando la criatura en la cueva. Al regresar, recorrió el sitio de arriba abajo, sin encontrar a la chamaquita.
Transcurrió el tiempo, y la mujer se encaminaba diariamente al cerro sin poderla encontrar. Llegó el día de San Juan y la señora como siempre fue a buscar a su hija. Esa vez volvió a ver la gruta y entro ilusionada para rescatar a su pecunia, quien estaba jugando. La madre la cargo y de inmediato se retió con ella, tomando m`´as dinero, cuando salieron y les pegó el sol, la chiquilla se desmoronó en arena.
Hay la creencia que bajo la ciudad existen prolongados túneles con una fría humedad en su interior. Algunos se los imaginan amplios; otros estrechos. Para todos, estos pasadizos parecen formar un laberinto. La mayoría piensan que parten de la Catedral hacia distintos puntos, en los que se encuentran o separan. También afirman que estos caminos subterráneos fueron construidos en la época prehispánica para escapar especialmente de los ataques realizados por los mexicas en sus pretensiones de conquistar Xallapan. Al contrario, hay personas que suponen la presencia de estos pasajes, como parte de la antigua arquitectura española. La tradición xalapeña reúne las mismas opiniones l asegurar que los túneles salen siempre desde la Catedral o los Berros, o a Palacio, al Parque Juárez, la Normal Antigua, la escuela Pedro de Gante, al Macuiltépelt y hacia El Cofre de Perote.
De Xalapa y sus proximidades, es originaria la planta “Jalapa”, registrada en latín como Convolvulus Officinalis. Se parece a las enredaderas, cuyas flores son campánulas de diversos colores: blancas, rosáceas, rojas, liláceas y anaranjadas. Por la raíz, el nombre de la trepadora es recordado por el pueblo “raíz de Xalapa”. Debido a las propiedades del bulbo, fue muy usado el vegetal en la farmacopea, como purgante efectivo. El remedio para las enfermedades intestinales se conoció e todo el mundo con el sustantivo “jalaina”, teniendo gran demanda en la medicina universal. Por eso, los cordones heráldicos del emblema de nuestra ciudad portan la imagen de esta eficaz panacea, utilizada desde hace siglos en las culturas precortesianas.
Xalapeño por destino, el siervo de Dios Rafael Guisar y Valencia, en proceso de beatificación, puso a nuestra ciudad en conocimiento universal. Ganó el primer nivel de la canonización al comprobar a las autoridades eclesiásticas pertinentes la dedicación de su vida a la esperanza y a la caridad. Aunque esta calidad santa simbolice como patrono regional de Xalapa y Cotija, el hecho es que Monseñor Guisar y Valencia es reconocido mundialmente por sus virtudes heroicas y milagros. Los xalapeños esperamos la pronta resolución a favor se su beatitud y santidad.
Rafael Guisar y Valencia nació en Cotija, Michoacán, l 26 de abril de 1878, transcurriendo su infancia en una familia cariñosa y devota. Su distinguida carrera religiosa lo hizo merecer prontamente el Quinto Obispado de Veracruz, cargo aceptado e 1 de agosto de 1919.
Fueron numerosas las obras que realizó en varios pueblos y ciudades del país, no descuidando sus servicios a los feligreses veracruzanos, a los que acudía sin interesarle distancia o los difíciles accesos: la gente que lo conoció recuerda a este varón siempre caminando apoyado en un resistente báculo.
También corre de boca en boca que a Guisar y Valencia no le importaba despojarse de las pertenencias que llevaba puestas, con tal de ayudar a los menesterosos. Una persona vio que a la salida d Coatepec, cuando el Obispo caminaba hacia esa población, se encontró a un mendigo descalzo al que le donó sus sandalias, continuando su rumbo sin zapatos.
Lo que sorprendió al mundo fue lo que ocurrió después de su muerte, el 6 de junio de 1938. en vida su deseo manifestado había sido que lo enterraran en un sencillo ataúd de pino; sin embargo, lo sepultaron en un lujoso féretro de acero. Tiempo después de haberse enterrado el cadáver, alrededor de una docena de años, cuando la iglesia deicidio trasladar sus restos del panteón antiguo de Xalapa a la Catedral, el féretro fue removido y de él salía agua que mojaba a quienes lo transportaban. El sorprendente líquido no desprendía ningún olor, y lo que más asombró fue que más asombró fue la incorruptibilidad de del muerto y el buen estado de su vestidura. Se le depositó en la Catedral para que toda Xalapa viera y venerara. Un testigo cuenta que al mirarlo, recuerda que tenía los ojos medio abiertos un vivo color azul cielo.